La
verdadera izquierda de Hollywood
Por Slavoj ?i?ek | 03.Mayo.2007
"Los
pobres, los que carecen de poder,
lo único que
tienen es su disciplina"
El filósofo
esloveno analiza las implicancias morales e
ideológicas de la película ? 300?, que
narra la historia de los trescientos espartanos
que se sacrificaron para impedir la invasión
del ejército persa. Contrariamente a las interpretaciones que el film
suscitó, Zizek cree ver que la trama pone a los espartanos ?con su
disciplina y espíritu de sacrificio? más cerca de los
ejércitos de resistencia árabes que del espíritu
chauvinista estadounidense.
La película 300 de Zack Snyder, la saga de
los trescientos soldados
espartanos que se sacrificaron en las Termópilas para
impedir la invasión del
ejército persa de Jerjes, fue atacada como el peor
tipo de militarismo
patriótico, en una obvia alusión a las tensiones recientes con Irán
y los sucesos en Irak.
¿Pero en realidad son tan claras las cosas? Más bien, habría que
defender la película a toda costa contra esas acusaciones.
Hay dos
puntos que debemos considerar; el primero tiene que ver con la historia
misma. Se trata de la historia de un país pequeño y pobre
(Grecia) que ha sido invadido
por el ejército de un Estado
mucho más grande, y más desarrollado en esa época, que
además cuenta con una tecnología
militar de avanzada. ¿No son acaso los elefantes
persas, los gigantes y las enormes flechas de fuego la antigua versión
de las armas de alta tecnología? Cuando el último grupo de
sobrevivientes espartanos y su rey Leónidas mueren bajo los
cientos de flechas, ¿no son de alguna manera bombardeados a muerte por
tecnosoldados que manejan armas sofisticadas a distancia, al igual que
los soldados estadounidenses que oprimen botones de cohetes desde
lejos, en barcos de guerra bien protegidos en el golfo Pérsico?
Además, las
palabras de Jerjes cuando pretende convencer a Leónidas de que acepte
la dominación persa no parecen de ningún modo el discurso de un fanático musulmán
fundamentalista; trata de someter a Leónidas a través
de la seducción,
pues le promete la paz y
los placeres sensuales si se une al imperio global persa. Lo
único que le pide es el gesto formal de arrodillarse ante él, de
reconocer la supremacía persa. Si los espartanos hacen esto, se les
otorgará autoridad suprema
sobre toda Grecia. ¿El presidente Reagan no le exigió lo
mismo al gobierno sandinista de Nicaragua? Sólo tenían
que decirle ?Hola, Tío? a los Estados Unidos?
¿Y no
muestran la corte de Jerjes como una especie de paraíso multicultural abierto a
diferentes estilos de vida? Todos participan en orgías, diferentes
razas, lesbianas, gays, tullidos, inválidos, etcétera. Entonces, ¿los
espartanos, con su disciplina y espíritu de sacrificio, no están
mucho más cerca de los
talibanes que defienden Afganistán contra la ocupación
estadounidense (o, de hecho, de la unidad de elite de la Guardia
Revolucionaria Iraní, dispuesta a sacrificarse en caso de una invasión
estadounidense)?
El arma principal de
los griegos contra la avasalladora superioridad militar es la disciplina y el espíritu de sacrificio?
Y para citar a Alain
Badiou: ? Necesitamos
una disciplina popular. Diría incluso? que ?aquellos que nada tienen
sólo tienen su disciplina?. Los pobres, los que no cuentan con medios
financieros ni militares, los que carecen de poder, lo único que tienen
es su disciplina, la capacidad de actuar en conjunto. Esa disciplina ya
es una forma de organización?. En esta época de
permisividad hedonista como ideología imperante, ha llegado el momento
de que la izquierda se (re)apropie de la disciplina y del espíritu de
sacrificio: en estos valores no hay nada intrínsecamente ? fascista?.
Pero esa
identidad fundamentalista
de los espartanos es aún más ambigua. Una
declaración programática hacia el final de la película que define la
agenda griega como ? contra
el dominio de la mística y de la tiranía, hacia el brillante futuro?,
detallada más adelante como el imperio de la libertad y la razón,
parece un programa elemental de la Ilustración, ¡incluso con un sesgo comunista!
Recordemos,
también, que al comienzo de la película Leónidas rechaza de pleno el
mensaje de los ? oráculos?
corruptos, según los cuales los dioses prohíben la expedición militar
para detener a los persas. Como nos enteramos después, los persas
habían sobornado,
en efecto, a los ?oráculos? que, al parecer, recibían mensajes divinos
a través de un trance extático, al igual que el ?oráculo? tibetano que,
en 1959, le transmitió al Dalai
Lama el mensaje de que debía salir del Tíbet, y que
?como sabemos hoy? ¡ figuraba
en la nómina de la CIA!
¿Y cómo
entender el aparente absurdo de la noción de dignidad, libertad y razón,
basada en la disciplina militar extrema, que incluía la práctica de
eliminar a los niños
débiles? Ese ?absurdo? no es otra cosa que el precio de la libertad:
la libertad no es gratuita, como aparece en la película. Se reconquista
a través de una lucha
ardua en la que es necesario estar dispuesto a
arriesgarlo todo.
La despiadada disciplina militar espartana no es simplemente lo
contrario de la ? democracia
liberal? ateniense; es su condición inherente y
constituye sus cimientos: el sujeto libre de la razón sólo puede
emerger a través de una cruel autodisciplina. La auténtica libertad no
es la libertad de elegir
que se ejerce a prudente distancia, como optar por una torta de
frutillas o por una torta de chocolate; la verdadera libertad es inseparable de la necesidad.
Hacemos una auténtica elección libre en el momento en que la elección
pone en juego nuestra propia existencia? y la llevamos a cabo porque,
sencillamente, ? no
podemos hacer otra cosa?.
Cuando
nuestro país se halla bajo ocupación extranjera y nos convoca el líder
de la resistencia para que nos unamos a la lucha contra los invasores,
la razón que nos da no es ? eres
libre de elegir?, sino ?¿no te das cuenta de que esto
es lo único que puedes hacer si quieres conservar tu dignidad??. No
sorprende, pues, que todos los radicales igualitarios y precursores de
la modernidad, desde Rousseau
hasta los jacobinos, admiraran a Esparta e imaginaran la República
Francesa como una nueva Esparta: hay un núcleo emancipatorio en el
espíritu espartano de disciplina militar que se mantiene y perdura, aun
cuando le restemos toda la parafernalia histórica del régimen de
clases, la explotación brutal de los esclavos sometidos al terror,
etcétera.
Mucho más
importante es, quizás, el aspecto formal de la película: se filmó en su
totalidad en un depósito
de Montreal; el paisaje y varios de los personajes y
objetos fueron construidos
digitalmente. El carácter artificial del fondo parece contagiar a los actores ?reales?,
que a menudo parecen personajes
de historieta (la película está basada en la novela
gráfica 300 de Frank Miller).
Además, la
naturaleza artificial (digital) del ambiente genera una atmósfera claustrofóbica,
como si la historia no sucediera en la realidad ?real?, con horizontes
infinitos e ilimitados, sino en un ? mundo cerrado?, una
especie de mundo en relieve de un espacio cerrado. Desde el punto de
vista estético, la película es superior a La guerra de las galaxias y la serie de El señor de los anillos : a pesar de que
también en esas series varios objetos y personas fueron creados digitalmente, la
impresión que causan es, no obstante, la de actores digitales (y
reales) y objetos (elefantes, Yoda, Urks, palacios, etcétera.)
ubicados en un mundo ?real?;
en 300, por el
contrario, todos los protagonistas son actores ?reales? ubicados en un fondo artificial;
la combinación produce el efecto de un mundo ?cerrado? mucho más
siniestro, una mezcla ?cyborg? de personas reales integradas en un
mundo artificial. Pero sólo en 300
la combinación de actores ?reales?, objetos y fondo digital llega a
crear un espacio estético autónomo y nuevo de verdad.
La práctica
de combinar artes diferentes, de incluir en un arte la referencia a
otro, tiene una larga tradición, en especial con respecto al cine; por
ejemplo, en muchos de los cuadros de Hopper, cuyo tema es el de una
mujer detrás de una ventana abierta que mira hacia afuera, es clara la
mediación de la experiencia del cine (muestra un plano sin su
contraplano). Lo que hace notable a 300 es que, en esta película
(y no por primera vez, por supuesto, pero de un modo mucho más
interesante desde el punto de vista artístico, que, digamos, el
Dick Tracy de Warren Beatty), un arte
técnicamente más desarrollado (cine digitalizado) remite a uno menos
desarrollado (la historieta o cómic). El efecto logrado es el de la ?verdadera realidad?
que pierde su inocencia y aparece como parte de un universo artificial
cerrado, es decir, la figuración perfecta de nuestra problemática socioideológica.
Los críticos
que sostienen el fracaso de la ?síntesis? de las dos artes en 300 están, pues,
equivocados, y precisamente porque tienen razón: por supuesto que
falla la ?síntesis?,
por supuesto que el universo que vemos en la pantalla está atravesado
por un profundo antagonismo
y una gran inconsistencia,
pero ese mismo antagonismo es el signo de la verdad.
*Traducción
del inglés: Luz Freire
Publicado
en: perfil.com.
http://www.perfil.com/contenidos/2007/0 ... _0003.html
Título
original: The True Hollywood Left
http://www.lacan.com/zizhollywood.htm



